Skip to content
Izquierda Unida Canaria
Menu
  • INICIO
  • LA ORGANIZACIÓN
    • Coordinadora Nacional
    • Comisión Colegiada
    • Cargos Públicos
    • Buzón de denuncias
    • Protocolo interno para la prevención y abordaje de violencias en el ámbito militante
  • DOCUMENTOS
  • AFÍLIATE
  • NUESTRAS SEDES
  • XII Asamblea Nacional
  • CONTACTO
Menu

Un urbanismo de combate contra la emergencia climática: renaturalizar las ciudades

Posted on 27 de julio de 202627 de julio de 2026 by iucanarias
0
SHARES
ShareTweet

El cambio climático no es una amenaza futura ni una hipótesis académica. Es una realidad brutal que ya está golpeando nuestras ciudades, alterando la vida cotidiana y haciendo cada vez más difícil algo tan básico como salir a la calle en verano sin exponerse a un calor abrasador.

Rayco D. Dorta Hernández

Rayco D. Dorta Hernández

Politólogo contemplativo. Sobre todo creo que no todo está perdido

  • X

El cambio climático no es una amenaza futura ni una hipótesis académica. Es una realidad brutal que ya está golpeando nuestras ciudades, alterando la vida cotidiana y haciendo cada vez más difícil algo tan básico como salir a la calle en verano sin exponerse a un calor abrasador. Llegó el verano y con él lo hace el calor. Las temperaturas no dan tregua y las olas de calor dejan de ser fenómenos aislados para convertirse en pesadillas cotidianas. Incluso para los negacionistas es muy difícil negar la mayor: el cambio climático es un fenómeno que ha llegado para quedarse. Sin embargo, se sigue viviendo de espaldas a esta realidad de una forma alarmante. Uno de sus máximos exponentes lo encontramos en nuestras ciudades; se ha seguido urbanizando como si nada de esto importara, como si el asfalto no quemara, como si el cemento no multiplicara el calor y como si la ciudad no tuviera que convertirse en refugio de quienes la habitan.

Estamos ante un gran problema, posiblemente el mayor de los retos que la gestión pública tiene por delante: nuestras ciudades han sido diseñadas durante demasiado tiempo para el coche, para el consumo y para la velocidad, no para la vida. Se ha priorizado la circulación antes que la sombra, la rentabilidad antes que el bienestar, la especulación antes que el derecho a habitar espacios dignos. Los resultados, por desgracia, saltan a la vista: barrios enteros convertidos en islas de calor, plazas inhóspitas, calles sin árboles y una población cada vez más expuesta a unas temperaturas que ya no son excepcionales, sino sistémicas.

Hablar de refugios climáticos hoy por hoy, no puede tratarse de una cuestión estética ni una ocurrencia electoral cuya vigencia dura hasta el día de las elecciones. Se debe articular una respuesta mínima frente  a los efectos de un fenómeno provocado por la negligencia prolongada de quienes han antepuesto su beneficio al bienestar de la comunidad. Un refugio climático es un espacio pensado para proteger a la población del calor extremo: sombra, agua, vegetación, ventilación, descanso. En algunos casos se puede tratar de una biblioteca, un centro cívico, un parque, una plaza arbolada o un equipamiento público. Lo importante es su función: permitir que la vida siga siendo posible cuando el clima se vuelve hostil.

Por ello, y visto los efectos de las épocas estivales acompañadas de altas temperaturas, debemos ser claros, rigurosos y exigentes con esta cuestión: los refugios climáticos no son un complemento, son una obligación, dotaciones estratégicas de cara a hacer de nuestros pueblos y ciudades espacios aptos para la vida. 

La crisis climática no afecta a todo el mundo por igual, es innegable que la misma está atravesada por un componente de clase:  No sufre lo mismo quien vive en una casa bien aislada que quien habita una vivienda precaria; no soporta igual el calor quien puede teletrabajar que quien trabaja al sol; no pasa lo mismo en un barrio con arbolado y fuentes que en otro condenado al cemento. La adaptación urbana, si quiere ser justa, tiene que poner el foco precisamente donde más profunda es la desigualdad.

Mirar fuera de nuestras fronteras es necesario si queremos observar ejemplos exitosos de refugios climáticos, algunas ciudades ya han empezado a actuar, aunque todavía con demasiada timidez frente a la magnitud del problema. París es uno de esos ejemplos. La capital francesa ha impulsado políticas de vegetalización y de recuperación de espacios urbanos para combatir el calor extremo. No se trata solo de plantar árboles, sino de reconocer que la ciudad necesita dejar de ser una superficie de acumulación térmica y convertirse en un entorno habitable. Incluso infraestructuras que antes parecían pensadas exclusivamente para el tránsito empiezan a ser repensadas como espacios más verdes, más frescos y más útiles para la vida cotidiana.

Barcelona también ha abierto camino con una red de refugios climáticos en bibliotecas, centros cívicos, parques y otros equipamientos públicos, además de políticas de peatonalización, renaturalización y recuperación del espacio público. El politólogo estadounidense, Thomas R. Dye, formuló una definición de política pública clara y, en mi opinión, acertada. Dye sostiene que una política pública es todo lo que los gobiernos deciden hacer o no hacer. Bajo esta premisa queda claro algo importante: cuando hay voluntad política, la ciudad puede dejar de estar al servicio del coche y de la producción y empezar a estar al servicio de las personas. No estamos ante un debate menor, sino ante una de las líneas estratégicas que marcan el futuro de nuestras ciudades y pueblos:  es, directamente, una disputa sobre cómo queremos vivir.

RED DE REFUGIOS CLIMÁTICOS BARCELONA

Hay además ejemplos muy valiosos de reutilización urbana que muestran hasta qué punto la transformación puede ser profunda. Rotterdam ha convertido plazas y cubiertas en infraestructuras verdes capaces de retener agua y rebajar la temperatura. Medellín ha desarrollado corredores verdes para combatir el efecto isla de calor y mejorar la calidad ambiental de sus barrios. Incluso en París hay propuestas que imaginan la transformación de puentes urbanos en espacios vegetales, con árboles, vegetación y zonas de estancia, demostrando que lo que hoy se usa para el paso mañana puede servir también para el cuidado. La clave está en entender que no todo lo construido está condenado a seguir igual.

REFUGIO CLIMÁTICO HARVARD FOREST BANK

Dos españoles crean un refugio climático barato e inmediato en Harvard  

Esa es una de las ideas más potentes de esta discusión: no siempre hay que empezar desde cero. Muchas veces, basta con dejar de maltratar el espacio existente y empezar a reutilizarlo con inteligencia. Plazas mineralizadas, patios escolares, corredores viarios, centros culturales, paseos fluviales o cubiertas de edificios pueden convertirse en auténticos refugios climáticos si se diseñan con un criterio claro: proteger a la población del calor y recuperar la ciudad para quienes la viven, no para quienes la rentabilizan.

Residentes de Medellín, Colombia, disfrutando de uno de los muchos corredores verdes instalados en el corazón de la ciudad para reducir el calor urbano (Imagen: Daniel Romero / VWPics / Alamy)

Los refugios climáticos buscan salvar vidas durante las olas de calor urbanas

PACTO GLOBAL RED COLOMBIA

Pensar en adaptar nuestro espacio público apostando por los refugios climáticos es, en realidad, una pelea por el modelo de ciudad. O seguimos construyendo entornos hostiles, pensados para producir, consumir y desplazar coches, o asumimos de una vez que la adaptación climática exige otro tipo de urbanismo. Uno que ponga la vida en el centro, que multiplique la sombra, que recupere la vegetación y que entienda el espacio comunitario como una infraestructura social de primera necesidad y magnitud.

No estamos hablando de una cuestión opcional ni de una operación destinada como elemento de decoración verde para tranquilizar conciencias. El cambio climático, pese a lo que puedan decir determinadas voces trasnochadas del negacionismo, es un fenómeno que ya está aquí y, que con el paso del tiempo, se irá agravando aún más. Sobrevivir a sus efectos será una de las principales demandas a las que los gobiernos de los distintos niveles administrativos deberán hacer frente. Por eso los refugios climáticos no deben verse como una medida auxiliar o de segunda fila, sino como parte de una respuesta urgente frente a una crisis climática que castiga sobre todo a quienes menos tienen. Las instituciones, principalmente los ayuntamientos, deben empezar a apostar por la confección de planes municipales que fomenten la implementación de refugios climáticos por barrios, identificando los espacios idóneos para los mismos, financiando su adaptación y estableciendo un calendario público claro para su ejecución. Es momento de orientar la planificación urbanística a la habitabilidad de nuestros entornos en lugar de obtener beneficios inmediatos. 

Transformar los colegios en refugios climáticos es clave para proteger a la infancia 

SINC

Las ciudades del futuro no pueden ser escenarios donde simplemente resistir el calor. Tienen que ser lugares donde vivir no sea una forma de supervivencia permanente. Y eso exige valentía política, inversión pública y una ruptura clara con décadas de urbanismo pensado de espaldas al clima y a la gente.

Comparte esto:

  • Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
  • Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
  • Instagram
  • TikTok
  • X
  • Facebook
©2026 Izquierda Unida Canaria | WordPress Theme by Superbthemes.com